Y si existiera una “calculadora” que permitiera determinar la cantidad de CO2e?

Lo que comenzó como una necesidad de investigación terminó convirtiéndose en un conjunto de herramientas que hoy ayudan a calcular emisiones, comprender estructuras y tomar decisiones más sostenibles. Estas innovaciones, fruto de un trabajo colectivo y del compromiso académico, abren una nueva etapa para la sostenibilidad en la arquitectura salvadoreña.

Por: Gloria Olivares

Cada vez hace más calor. No, no es una simple percepción. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que 2025 fue uno de los años más calurosos jamás registrados, con una temperatura media global de la superficie de 1.44 °C (± 0.13 °C). 

Ese calentamiento global se debe, principalmente, a la emisión de gases de efecto invernadero. Diferentes actividades humanas liberan en la atmósfera, entre otros gases, enormes cantidades de dióxido de carbono equivalente (CO₂e). Estos, al acumularse, evitan que el calor escape al espacio.  

¿Qué hacer para disminuir la producción de estos gases? Entre esos investigadores e investigadoras que se plantean soluciones en torno al problema del cambio climático está Lizeth Rodríguez, docente e investigadora del Departamento de Organización del Espacio de la UCA. Sus estudios se enfocan en la industria de la construcción, la cual es responsable del 40% del CO2e producido globalmente. 

En este reportaje, conoceremos los tres momentos del trabajo de Lizeth que la condujeron a consolidar TAXODIM, una herramienta didáctica para imaginar construcciones sostenibles. No ha sido un proyecto que ha desarrollado en solitario, sino que es un trabajo colaborativo sostenido con sus compañeros de Arquitectura e Ingeniería y sus estudiantes de grado. 

 

1. Primer momento. Una calculadora para determinar el CO2e: Modelo de Cálculo LR 

Entre 2020 y 2024, Lizeth se encontraba estudiando su doctorado en Tecnología de la Arquitectura, de la Edificación y del Urbanismo impartido por la Universidad Politécnica de Cataluña, España (UPC). Ella decidió elaborar su tesis doctoral sobre las emisiones de CO2e producidos por edificios elaborados con sistemas prefabricados industrializados en El Salvador y España.  

Para hacer un análisis integral de la huella de carbono, utilizó la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (LCA por sus siglas en inglés). Con este se identifica todo el ciclo de impactos ambientales que pasa por la fase de producción de los materiales, el transporte de estos, la construcción, el uso de las edificaciones, el mantenimiento de las estructuras y el fin de la vida; es decir, su demolición o reciclaje.  

Para establecer las cantidades de CO2e  producidas, Lizeth necesitaba un software particular. La UPC le facilitó los primeros años uno, pero la licencia venció en el momento más álgido de la producción de data. Lizeth buscó financiamiento para utilizar nuevamente el software. Logró conseguir fondos de la Vicerrectoría de Investigaciones e Innovación de la UCA (VRII) y también de la UPC, pero no era suficiente para obtener este servicio.  

En una entrevista con académicas alemanas, Lizeth les comentó las dificultades que enfrentaba, y ellas le recomendaron realizar desde cero un modelo de cálculo para poder ir obteniendo los resultados que necesitada. Ella les tomó la palabra. Comenzó a investigar cómo realizarlo. No era, explica Lizeth, la primera vez que le tocaba construir algo similar.  

Ocho años atrás, Lizeth sacó su máster en Ingeniería Estructural. En ese momento tampoco tenía acceso a un software para desarrollar los cálculos que necesitaba. En esa ocasión, su docente la animó a desarrollar su propia herramienta pues tenía una sólida base en matemática que le permitía abordar las expresiones numéricas y el manejo de las variables.   

En el proceso de la tesis doctoral, hizo una pausa y comenzó a desarrollar lo que requería en hojas de cálculo en Excel. “Realmente son sumas algebraicas. El tema son los factores: ¿Quién divide a quién? ¿Quién multiplica con quién? ¿Cuál es la suma qué? Y la coherencia entre unidades, porque hay una cantidad de unidades impresionante. Es fácil perderse”, comentó Lizeth. 

Este modelo de cálculo resume horas de investigación documental. “Se necesitan horas para leer, horas para estar oyendo una cátedra, otra cátedra. Son al menos nueve horas diarias de lunes a viernes en la universidad, en los laboratorios, en las bibliotecas intentando entender los fenómenos”, explica Lizeth.  

El esfuerzo valió la pena. Con la herramienta que desarrolló, Lizeth pudo obtener los resultados necesarios para el desarrollo de su tesis doctoral. Dentro de sus principales resultados, logró comprobar que, con el uso de materiales prefabricados, se contribuye con la sostenibilidad ambiental pues estos pueden ser reutilizados. Según la tesis, con esto se desarrolla una “disminución media del 60% de la huella de carbono”, en contraste con otras edificaciones que no utilizan estos materiales.  

En este punto, el modelo de cálculo LR todavía tenía mucho más que dar. Era una herramienta muy útil y por ello se convirtió, posteriormente, en el corazón de próximos proyectos.  

2. Segundo momento. TAXODIM: herramienta didáctica para imaginar construcciones sostenibles  

El modelo de cálculo LR es una herramienta funcional para calcular el impacto ambiental de las edificaciones en todos sus momentos, pero tiene una limitante. Para hacer el cálculo necesita los datos del proyecto: volúmenes y masa de los materiales de construcción; y, con ello, brinda el dato del CO2eEs decir, solo se puede aplicar para edificaciones existentes o proyectos que cuentan con permiso de construcción. ¿Pero qué pasa si los estudiantes están en su etapa de diseño de proyectos y quieren conocer el impacto que tendrá la edificación, para tomar las mejores decisiones y reducir su huella de carbono?  

Así nace TAXODIM-RMD/V.1.0. Con este proyecto, el modelo LR da un nuevo salto y se convierte en una nueva herramienta para que los estudiantes puedan hacer el cálculo del predimensionamiento estructural, de la energía incorporada y de la estimación de huella de carbono en torno al edificio que están diseñando. 

El predimensionamiento de estructuras es una etapa preliminar en el diseño estructural. Esta consiste en estimar las dimensiones iniciales de los elementos estructurales (columnas, vigas, losas) antes de realizar un análisis detallado. Este proceso tiene como objetivo brindar las proporciones y dimensiones necesarias para que la estructura soporte de manera segura las cargas a las que estará sometida. En este proceso se evalúan las cargas permanentes (peso propio de los materiales, revestimientos), así como las variables (personas, mobiliario, viento, sismo) que afectarán a la estructura; y se eligen los materiales que se utilizarán para los elementos estructurales (concreto, acero, madera, etc.), considerando sus propiedades mecánicas y comportamiento bajo cargas. 

En un proceso de diseño tradicional, los estudiantes tendrían que realizar múltiples cálculos para cada material utilizado, pero con TAXODIM se automatiza este proceso. La persona ingresa los datos de longitudes; luego, con las fórmulas, expresiones de predimensionado, de cálculo, de norma, TAXODIM calcula longitudes, áreas, volúmenes y masas totales. Ya con esos datos se utilizar el modelo de cálculo LR para establecer la energía incorporada y la estimación de la huella de carbono.  

Lizeth explica que el nombre TAXODIM hace referencia, al concepto de taxonomía, que es la ciencia que desarrolla los métodos y fines de la clasificación, para la ordenación jerarquizada y sistemática de los componentes de los seres vivos. Pero, en el contexto del proyecto, se habla de una taxonomía estructural de los edificios. Para explicarlo mejor, Lizeth recomienda que se imagine que los edificios son seres vivos: “Tenemos la estructura pensemos que es el esqueleto, tenemos la envolvente, pensemos que es piel de la persona. En las instalaciones, pensemos en las tripitas que tenemos; todos los sistemas de tuberías. Y luego tenemos las circulaciones, que podrían entrar como una categoría principal, pero dentro de las instalaciones”. 

El proyecto tiene un apellido muy significativo para las personas que trabajaron en él, para quienes la arquitectura se une con la ingeniería energética y la mecánica estructural. TAXODIM – RMD es el nombre completo, y las últimas letras hacen referencia a los nombres de los graduandos de Arquitectura que ayudaron a su elaboración: Ronaldo Melara Echeverría, Melanie Osorio López y Diego Peñate Salamanca. A ellos se le suman los docentes e investigares: René Iván Ariza Rodríguez, José Adolfo Ramos Huezo, Luis Aarón Martínez Figueroa y, por supuesto, Lizeth Rodríguez Rodríguez.

Entonces, para la ejecución del proyecto, trabajaron articuladamente tres departamentos de la universidad: el Departamento de Ciencias Energéticas y Fluídicas, el Departamento de Mecánica Estructural y el Departamento de Organización del Espacio.  

¿Pero cómo funciona esta herramienta didáctica para calcular la huella de carbono de un proyecto? 

Su funcionamiento se organiza en cuatro grandes componentes que utilizan una lógica progresiva, la cual define la estructura, evalúa el envolvente, calcula el consumo energético y analiza las emisiones en todo el ciclo de vida. Estos compontes se detallan mejor a continuación:  

 

Tras evaluar la herramienta, el equipo de trabajo evidenció que TAXODIM fomenta una visión integral del diseño y promueve una arquitectura más responsable con el entorno. Esto último se debe a que ayuda a entender, desde las primeras etapas del diseño, cómo las decisiones que se toman al proyectar un edificio influyen en su impacto ambiental. Asimismo, permite comparar distintos sistemas constructivos, estimar su huella de carbono y evaluar el consumo energético de manera organizada y comprensible. Además, integra aspectos estructurales, térmicos y ambientales en un mismo proceso, facilitando que estudiantes, profesionales e instituciones puedan tomar decisiones más sostenibles con base en datos concretos. TAXODIM, entonces, es una herramienta innovadora y funcional al servicio de la academia. 

(Lea el proceso detallado a seguir en: “Herramienta de automatización de la taxonomía edificatoria para la evaluación de sostenibilidad ambiental”)

2.1. Un hito para la UCA 

Conforme TAXODIM iba mostrando su alcance, surgieron preocupaciones sobre la propiedad intelectual. En ese contexto Lizeth asistió a una conferencia sobre impartida por la Oficina de Transferencia e Innovación (OTRI) en donde se mencionaron los distintos protocolos para la protección del trabajo investigativo. Esto animó al equipo a solicitar una asesoría legal para iniciar con el proceso de depósito de obra.   

Yo pensaba una obra como algo de arte, vinculado a las artes audiovisuales, las artes plásticas, las obras literarias, pero no en algo tan numérico. Aunque si lo vemos bien, es un arte realmente de trabajar con números”, comenta Lizeth.  

TAXODIM, representa un hito histórico para la UCA. A través de este producto de investigación, se realizó el primer depósito de obra de la universidad. Con el apoyo de la VRII, en especial de la OTRI, en septiembre de 2025 se realizó el depósito de obra del TAXODIM dándole crédito de autores a cada una de las personas que trabajaron en él. Lizeth, por su parte, también depositó su modelo de cálculo LR-LCA, desarrollado en su doctorado. “Mi modelo trasciende a cocreación con estudiantes y con otros profesores para nutrirlo y mejorarlo”, comenta. 

Dra. Lizeth Rodríguez con los depósitos de obra del Modelo de Cálculo LR y el TAXODIM.

La Oficina de Transferencia e Innovación de la UCA, es la responsable a nivel institucional de gestionar y proteger la propiedad intelectual de la producción académica desarrollada en la universidad.  

Silvia Funes, jefa de la OTRI, comenta que existen distintos procesos para cumplir este objetivo. El primer paso es conversar con las y los académicos e identificar los resultados de las investigaciones. “Verificamos la forma en la cual vamos a proteger ese resultado. Ese ese resultado se puede proteger por derechos de autor, si es una obra eh literaria como un libro o si son bases de datos. Si el resultado es un plano, un diseño de una edificación, se puede ir como diseños industriales. También se tiene un nuevo producto que nunca visto y que da una nueva solución o es una mejora a un producto se puede ver si el proceso es por patente o modelo de utilidad, pero debe de cumplir ciertas características y finalmente se puede registrar también marcas”, explica.  

Según la actual Ley de Propiedad Intelectual, el depósito de obra se define como el acto declarativo por medio del cual el Instituto Salvadoreño de la Propiedad Intelectual da fe, salvo prueba en contrario, de la existencia de la obra, interpretación, y del hecho de su divulgación o publicación”.  

La jefa de la OTRI, detalla que el depósito de obra brinda el reconocimiento nacional a las personas que trabajaron los proyectos de investigación y la protección contra el plagio con la potestad de iniciar un proceso legal contra personas o instituciones que utilicen estas obras sin citarlos.  

Para Lizeth, el depósito de obra les brinda un sentimiento de protección y por ello quisieron incorporar la hoja del depósito en la plataforma para la investigación Micelio donde subieron los resultados de la investigación y el modelo de cálculo. “¿Cuál es el mensaje? Toma, es tuyo, úsalo, despedázalo, critícalo, dinos cómo podemos mejorarlo; pero no te lo robes. Cítenlo, por favor”, exhorta Lizeth.

Esta protección es fundamental para las y los académicos, pues enfatizan en que los productos de las investigaciones deben ser de acceso abierto pues la retroalimentación es vital para ir mejorando. “De nada sirve hacer algo, engavetarlo y que nadie lo vea porque es secreto, porque nos costó. Sí nos interesa que sea utilizado, descargado. Esto se hizo de estudiantes para estudiantes”, comenta Lizeth.  

Y así se ha desarrollado, TAXODIM se ha utilizado en cuatro talleres y una cátedra. Se realizó un taller con estudiantes de arquitectura, el segundo taller con estudiantes de ingeniería, el tercer taller con estudiantes argentinos y el siguiente fue con profesionales de las áreas relacionadas.  

Incluso la herramienta ha servido para el desarrollo de tesis de grado. Cuatro estudiantes decidieron utilizar TAXODIM para evaluar propuestas de diseño para vivienda pública. Lizeth y Ronaldo Melara los capacitaron en el uso de la herramienta.  

3. Tercer momento. BETA, un modelo mejorado y a la disposición de todas las personas   

TAXODIM no es el final, Lizeth y su equipo decidieron avanzar y utilizar la retroalimentación recibida para potenciar el trabajo realizado. Así se gesta la idea del Proyecto BETA-LCA. 

Tanto el modelo de cálculo LR como el TAXODIM son libros de Excel compuestos por hojas de cálculo que resumen cientos de papers, expresiones numéricas basadas en las normas ISO y otras literaturas de consulta, pero el Proyecto BETA-LCA representa la automatización de todo este proceso en una nueva plataforma. Esto será posible con la incorporación un departamento más al equipo: el Departamento de Electrónica e Informática. El propósito es poner el resultado a disposición de cualquier profesional, institución, industria y persona tomadora de decisiones. “Entre 2010 y 2015 estábamos en procesos experimentales. Entre 2016 y 2020 estábamos en procesos más formales de diseño, inclusive, de propuestas. Pero del año 2020 al 2025 estamos en un proceso de automatización y de sistematización de los productos de investigación y de las teorías. Entonces, estamos en un proceso de publicación y de crear herramientas”, explica Lizeth. 

Después de la creación de BETA, es necesario desarrollar un proceso de difusión de la plataforma para que pueda ponerse al servicio de las personas y un proceso de incidencia para que los resultados de las investigaciones elaboradas con esta herramienta impacten en la toma de decisiones. 

Esta nueva etapa se puede llevar a cabo gracias al Fondo de Investigación UCA.  El equipo inició su trabajo en 2024. Actualmente las personas que están en el proyecto son Luis Martínez, jefe del  Departamento de Ciencias Energéticas y Fluídicas; René Ariza, académico del  Departamento de Ciencias Energéticas y Fluídica; Jaime Clímaco, docente del Departamento de Electrónica e Informática; Paris-Viviana Oriol, académico de la Universidad Politécnica de Cataluña con la que la UCA firmó un convenio de cooperación académica en el marco del proyecto BETA-LCA, ; Luis Ariza, ingeniero energético recién graduado; Javier Obando, estudiante de arquitectura de último año; Armando Aguilar, estudiante de ingeniería informática de último año; César Zacatales, egresado de ingeniería informática; Fernando Chichique, egresado de ingeniería energética; y  Lizeth Rodríguez que desarrolla el papel de coordinadora del proyecto de investigación.

Yo creo que la juventud tiene un gran potencial de pensar, en innovar. Tienen un potencia increíble para la creación. Todos los días están creando los muchachos”, comenta Lizeth. Para ella, el proceso no deja de sorprenderla pues hay mucho trabajo interdisciplinario e intergeneracional invertido en esta línea de investigación. Ella explica que, en el equipo, hay un profundo respeto de una disciplina a la otra y este mismo respeto se aplica entre docentes y estudiantes.   

 

En el programa de radio “La Casa de Todos” transmitido por la YSUCA, Christian Barahona académico del Departamento de Organización del Espacio entrevistó a los investigadores juniors que están trabajando el Proyecto Beta. En este espacio, Luis Ariza comentó que el proceso de trabajo interdisciplinario ha sido un valor agregado en su formación profesional “durante el proceso de ese proyecto apliqué distintas cosas que logré aprender durante mi carrera, pero de igual manera iba aprendiendo otras cosas en el camino. Es decir, fue mi primera experiencia trabajando en un proyecto en conjunto junto con otros profesionales. Más allá del conocimiento que se tenía que aplicar de manera teórica, también es el trato con los distintos compañeros y de igual manera tratar de ir resolviendo las dificultades todos en conjunto”, comentó.  

Por su parte, Armando Aguilar enfatiza que el trabajo en el proyecto BETA-LCA también fue una experiencia enriquecedora para él. “Yo pienso que nos ha ayudado a asentar muchas de las cosas que hemos aprendido durante la carrera. Desde la parte teórica o contenidos vistos, pasarlo ya a algo más real como a tomar decisiones, a ponernos de acuerdo con diferentes áreas y a buscar soluciones concretas a todo. Y también analizar muchísimos datos”, explica.  

Datos contra la vulnerabilidad: una reflexión final 

Actualmente El Salvador, es uno de los países con más vulnerabilidad climática en la región latinoamericana. Así lo delimita el Índice de Vulnerabilidad al Financiamiento Climático (CliF-VI), presentando en junio 2025. Este índice clasifica la vulnerabilidad de 188 países ante crisis climáticas, identificando 65 naciones en “zona roja” (alto riesgo y bajo acceso a capital), justo en esta sección se ubica El Salvador en el número 142 del ranking 

En concordancia a estos datos internacionales, la Mesa Permanente para la Gestión de Riesgos en El Salvador (MPGR) expresó en mayo de 2025 que 80% del territorio salvadoreño es vulnerable a los impactos del cambio climático, como lluvias intensas, sequías, vientos e inundaciones y un 90% de la población salvadoreña se encuentra asentada en estas zonas de alto riesgo.  

Además de estos datos, Lizeth recomienda tener en cuenta las condiciones geológicas propias de la región, pues el país se ubica dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico. También conocido como el Anillo de Fuego del Pacífico, es responsable del 90% de los terremotos que ocurren en el mundo.  

“Aquí como convivimos con la amenaza, pero para no vivir en riesgo debemos de disminuir nuestra vulnerabilidad creando nuestros propios indicadores. Si tuviéramos datos de registro y trazabilidad de la huella de carbono, que tienen que ver con las masas de los edificios, podríamos tener una base de datos para enfrentar de mejor manera la crisis post catástrofe y la realidad salvadoreña”, finaliza Lizeth.